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Bea - 24 noviembre, 2017
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Bea - 24 noviembre, 2017

Regalos, más no es mejor

Bea - 24 noviembre, 2017
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El post de hoy es una reflexión personal sobre los regalos. No sé vosotros pero en casa ya estamos en #modonavidad on y andamos estos días conversando sobre este tema. Estoy segura que como padres a todos se nos cae la baba cuando nuestros retoños abren los regalos con una sonrisa de oreja a oreja. Es natural, comprensible y humano contagiarse de esa alegría e ilusión. Pero sí creo que como adultos que somos, debemos ser racionales con los obsequios que hacemos (y les hacen) a nuestros hijos en estas fechas. 

Koky y yo tenemos las cosas muy claras en este sentido. Nuestra máxima con los regalos es la misma que con la compra de juguetes (fuera de fechas señaladas): Más no es mejor. 

El año pasado, por ejemplo, como sabíamos que recibiría regalos de toda mi familia en España, nosotros no le regalamos nada.   ¿por qué? Consideramos que con 7 meses que en ese momento tenía, no era realmente necesario que recibiese como 10 regalos (tampoco creo que sea necesario recibir tal cantidad a ninguna edad). Evidentemente a mi familia no quería quitarle la ilusión de regalarle, ya que no la ven a menudo. Pero sí recalqué que fuesen pocos y de calidad.

Lo que siento cuando llegan estas fechas es que las familias entran en una especie de competencia por “quién hace el mejor regalo”. Esto sobre todo lo percibo en muchos abuelos pero también en muchos padres. Cada año volviéndose locos por que el paquete más grande, más caro o más exclusivo que haya bajo el árbol, sea el suyo. Claro que el abuelo/a (o los padres si es el caso) no lo hacen de manera consciente. Claro que lo que les mueve a hacerlo es el amor incondicional hacia su pequeño/a.

Regalos

Y sin embargo, el mensaje que le damos a un niño pequeño cuando encuentra “el paquete más grande/caro/exclusivo” debajo del árbol cada año, no es, en mi modesta opinión, nada positivo. En cierto modo, le estamos enseñando que las cosas se consiguen fácil. Y todos sabemos que en la vida real, las cosas no funcionan de ese modo. Asimismo, si el niño ve que todo le llega sin esforzarse, dejará de darle valor al regalo mismo. Es más, seguramente, lo que acabará pasando es que ese niño a medida que crezca se convierta en una persona exigente y caprichosa no sólo en el plano material, sino en muchos otros aspectos de su vida.

Regalos

El otro día tuve una conversación curiosa con mi madre. La pobre estaba preocupada porque como este año no vamos a España en Navidad, Ainhoa no iba a tener muchos regalos. Mi respuesta no se hizo esperar: “Igual si hubiéramos ido, os habría pedido que máximo un regalo para que en su conjunto sólo reciba entre 3 y 4 regalos”. No culpo a mi madre, pobrecita, que “chocha” como está con su nieta, pues lo que quiera es mimarla. Pero yo, su madre, tengo la responsabilidad de educarla para  que sea una buena persona. Y no, en esto sí soy contundente, no creo que recibir 5, 8  o 10 regalos de golpe ayuden en nada a la causa. No, no me valen las frases “sí a esta edad no se dan cuenta”, “pobrecitos, son sólo niños” o “es sólo una vez al año”.

Tengo claro que…

  • No quiero que mi hija valore la Navidad por el número de regalos que recibe. Quiero que disfrute el verdadero sentido de estas fiestas: dar y recibir para hacer felices a los que más quieres, no necesariamente con lo material, sino con muestras de amor, afecto y cariño pero sobre todo, con compartir tu tiempo. 

  • No quiero que mi hija sienta que cuánto más le regalan, más la quieren. Quiero que valore el esfuerzo y el amor que cada regalo lleva detrás. Quiero que cuando crezca y le pregunten: “¿qué quieres que te regale?”, tenga la suficiente empatía como para responder diciendo:  “no hace falta, gracias”. Y si se da el caso que insisten, jamás ponga nombre o precio a un regalo. 

  • No quiero que mi hija crezca creyendo que “eres lo que tienes”. Quiero que se quiera a si misma por lo que es y que, del mismo modo, quiera a los demás por lo que son. Y que tenga claro que eso no quiere decir que deba renunciar a tener cosas. Pero sí quiero que crezca con la convicción de que lo mejor de las personas no está en lo que poseen, sino en cómo te hacen sentir cuando estás con ellas, en cómo suman a tu vida, en cómo se preocupan por hacerte feliz. Esas son las personas a las que elegir. Me esforzaré siempre porque lo sepa, porque nunca lo olvide. Me esforzaré porque se convierta en una de esas personas. 

Y vosotros, ¿qué pensáis de los regalos? ¿sois de regalar mucho o poco?

¡Feliz viernes y mejor fin de semana!

 

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