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Esta semana, el maestro de maestros de la animación japonesa, Hayao Miyazaki anunció que se retira definitivamente del cine. La notícia ha caído como un jarro de agua fría para todos los amantes del séptimo arte. La animación como género o técnica cinematográfica, (para mí es más lo segundo) siempre ha sido considerada un “arte menor”. Pero Hayao Miyazaki llegó para recordarles a todos los que así lo creían que, el cine por encima de todo, es contar historias. Y eso, el cineasta nipon sabe hacerlo como nadie. Sí, es un gran contador de historias. Y para los que algún día hemos tenido la osadía de sentarnos a escribir, es  también un gran inspirador de historias.

Hoy en Reino Bajito hemos querido hacer “un homenaje” en forma de post al mago de imaginación desbordante y creador de títulos tan inolvidables como “Nausica del Valle del Viento”, “Mi Vecino Totoro” o “El Castillo Ambulante”, entre otros muchos. A lo mejor ya os habéis sentado con o sin vuestros hijos a verlas. Y sí lo habéis hecho, seguramente, habréis quedado atrapados por su magia. Esa magia que trata a los niños como personas con coeficiente intelectual. Y es que siempre he pensado que hasta que los niños no adquieren la estatura suficiente, muchos creadores de contenidos infantiles miden su inteligencia según los palmos que levantan del suelo. Miyazaki crea tramas de significados profundos y cargados de metáforas, como así lo hacen otros contadores de historias como Michael Ende, Maurice Sendak o Lewis Carroll. Éstos en un arte distinto, el literario, pero ligado fuertemente al cine como ningún otro. Más de uno podría pensar que su cine no es apto para niños pero, desde nuestra hulmide opinión, creemos que privar a los ojos de un niño del cine mágico y alegórico de Miyazaki sería como no permitirle jugar.

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Fotograma de Nausica del Valle del Viento.
Fuente: HayaoMiyazaki.es

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Fotograma de “Mi Vecino Totoro”.
Fuente: HayaoMIyazaki.es

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Fotograma de “El Castillo Ambulante”

Porque queremos que todos los niños lo conozcan. Porque nos parece una estupenda opción tanto para ellos como para vosotros los padres. E incluso para ti, que nos lees y te encanta el buen cine pero aún no tienes hijos. Por todos vosotros, hemos decidido iniciar una serie de post donde analizaremos una a una las películas del gran maestro de la animación japonesa. Hemos querido empezar por una de las últimas,  “El viaje de Chihiro”.  Muchos consideran que ésta es su obra de culto. No voy a entrar en subjetividades pero lo que sí que es un hecho irrefutable, es que esta película le consagró como figura indiscutible dentro del cine de animación a nivel internacional. Y es que consiguió nada más y nada menos que el Oscar a la mejor película de animación (2002) y el Oso de Oro a la mejor película en el Festival de Cine de Berlín, (convirtiéndose en la primera y única película de animación de la historia en alzarse con este premio). Casi nada. Bueno, no nos enrollamos más. ¿Preparados para desmontar al “Viaje de Chihiro”? ¡Vamos allá!

ElviajedeChihiro_2

Lo primero que destaca de esta película es la hermosa historia que Miyazaki relata. Miyazaki utiliza recursos conocidos en el cine de fantasía: el umbral al mundo irreal, una heroína, una bruja malvada y un grupo de personajes secundarios que ayudan a la heroína a conseguir su objetivo. Pero él sólo los utiliza como instrumentos que le permitan aumentar la verdad de su historia, que es lo que realmente le interesa. Miyazaki hace que olvidemos la etiqueta “cine para niños” porque él pone su deseo de contar la historia por encima de todo. A diferencia de otros creadores, él no se obsesiona en contar lo que la audiencia quiere ver o escuchar, sino en lo que a él le interesa contarle a la audiencia. Por eso, “El viaje de Chihiro” está lleno de alegorías, de metáforas y de claras referencias al mundo real. Esto se ve claramente en el propósito de la bruja Yubaba que roba los nombres a la gente para que olviden su pasado, se queden para siempre a trabajar  a sus órdenes y así, al no recordar quienes son, no puedan regresar a su casa.

Yubaba y Chihiro - El viaje de Chihiro

También en sus personajes y escenarios hay una influencia del mundo que él conoce. De hecho, según ha comentado el propio Miyazaki, la casa de baños, uno de los escenarios donde se desarrolla buena parte de la trama de la película, es una imagen que conserva de su infancia y que forma parte de la tradición japonesa. En cuanto a los personajes, “el hombre sin cara” que en la película se representa como un dios errante, simboliza el ansía por el dinero y esa creencia de que  tener más dinero nos hará más felices, que para Miyazaki, es una creencia aceptada dentro del mundo actual. Una vez más, ese personaje no está ahí por casualidad pero esa metáfora que él establece tampoco aparece en la historia de manera forzada. Todo lo contrario. El director emplea a este personaje no sólo para lanzar este mensaje interno, sino también para subrayar las virtudes de la protagonista, Chihiro. Hablando de Chihiro, Miyazaki sabe muy bien cómo lograr que nos identifiquemos con ella. Es una heroína atípica y de hecho, al principio del film se nos muestran de una forma tan evidente sus defectos que, llegamos a pensar en que realmente no tiene las cualidades suficientes como para serlo. Pero Miyazaki sabe cómo ponerla a prueba y por eso, es a través de sus propios logros que rápidamente cambiamos de opinión. Y es así como nos vamos enamorando poco a poco de su bondad y ternura.

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La verdad es que esta película está plagada de personajes entrañables y mágicamente construidos. Un ejemplo claro es Haku, el primero de los habitantes de ese pueblo extraño (mundo irreal) al que Chihiro llega por accidente. O Kabachi, el guardián de las calderas, en el que observamos un claro paralelismo  con la “obsesión por el trabajo” pero que Miyazaki matiza después,  con determinados actos que este personaje realiza en puntos clave de la historia.

ElviajedeChihiro

“El viaje de Chihiro” es una película donde la historia se hace grande conforme se suceden los acontecimientos. No hay un sólo segundo en el que veamos que ésta recae o se vuelva débil. Miyazaki quiere enseñarnos, desde su papel de contador de historias, su visión del mundo, de la vida en su conjunto. Por eso, esta película , para todo el que la ve, provoca un viaje profundo a los sentimientos más elementales, a las virtudes más puras del ser humano. ¿Y el destino de ese viaje? Eso depende de la interpretación que cada uno hagamos de lo que vemos que, en realidad, estará fundamentada desde nuestro propio yo. Esa es la grandeza de una película como “El viaje de Chihiro” y de un contador de historias como Hayao Miyazaki. Convertir la historia en una poesía visual conmovedora donde las emociones siempre son verdaderas. Por eso, en el “Viaje de Chihiro” encontramos belleza, espanto, fealdad, egoísmo…no como una excusa, no como una lección, sino como una sincera descripción de la realidad que Miyazaki quiere reflejar. Es una película honesta hasta las últimas consecuencias y por encima de toda convención.

Como el propio Miyazaki explicó una vez en una entrevista:

“Las obras de arte las realizan aquellos que están preparados para llegar al límite. No estamos interesados en nada más”.

Os dejamos con con el tráiler de esta maravillosa película. ¡Hasta el próximo post!

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