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Bea - 6 junio, 2013
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Bea - 6 junio, 2013

La batalla de las flores y las regaderas

Bea - 6 junio, 2013
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Estrenamos nuestra sección “Sueños ilustrados” con una divertida historia protagonizada por flores y regaderas. Sí, sí, lo que estáis leyendo. ¿Qué ocurrirá? Para averiguarlo, tendréis que leerlo de principio a fin. Llamad a mamá y a papá porque ha llegado la hora del cuento. ¡Biennnn!

–“Sucedió hace mucho tiempo…”; contaba la luciérnaga a sus pequeñas hijas que arropadas en su edredón de menta fresca, escuchaban entusiasmadas el relato nocturno de su adorada mamá.

– …”Era la época de comer fresas con azúcar, esconder el abrigo en el armario y salir al campo para volar cometas de colores”. “¿De quién hablamos?” preguntó de repente, mamá luciérnaga.

– “¡De la primavera!”-gritaron  las pequeñas luciérnagas haciendo brillar su luz. Mamá luciérnaga las miró con una gran sonrisa y continuó su relato. “Exactamente y como era primavera, las flores por fin se quitaron el abrigo y orgullosas, mostraban sus bonitos pétalos para que todos las admiraran. ¡Ayy qué presumidas  son estas florecillas!; Siempre están mirándose en su espejo de agua para ver si llevan bien puesto su sombrero. Todos los años se celebraba un gran baile para dar la bienvenida a la primavera. Las flores más jóvenes cuidaban mucho el aspecto de sus pétalos. Tanto que… Shhhh!; guardad el secreto ehhh?; andaban un poco histéricas de aquí a allá para estar muy bonitas el día del baile. En el jardín se veía de todo. Una flor haciéndose mechas en sus pétalos en la peluquería, otra haciéndose un masaje con piedras calentadas por el Sol, otra con miel por todos sus pétalos…Daba mucha risa como podréis imaginaros. Pero es que ese baile era muy, muy importante para las flores”.

–“¿Cómo el día de nuestro cumpleaños?” preguntó la luciérnaga más pequeña a mamá luciérnaga.

–“Casi tanto o más que ese día, bebé.” respondió con ternura mamá luciérnaga.

“El caso es que durante ese gran baile, las flores podían elegir a su regadera perfecta. Sí, sí, como lo oís, a su regadera. Cuando una flor escogía a su regadera, ya no se separaban nunca jamás. La regadera cuidaba que su flor siempre tuviese agua. Así, los pétalos de la flor no se marchitaban y era imposible que perdiesen su color. En el día del baile, el sol amaneció con mucha energía. Sus rayos rebotaban con los pétalos de colores de las flores, formando un montón de arco-iris por todas partes. ¿Os imagináis lo increíble que era? Pero esto también provocaba mucho calor y eso hacía que las flores tuviesen mucha sed. Especialmente una de ellas. Era hermosa, de un color turquesa que sólo se encuentra en los corales del océano”.

“¡Voy a morir de sed!”. se quejaba la pobre flor de color turquesa a su vecina.

– Su vecina, una flor que cambiaba de color y que parecía ser un poco más mayor, le contestó: “Ten, Ixia. Este es un abanico de hojas de lavanda con gotas de rocío. Ya verás qué bien va”.

“¡Mmmm qué fresquito! ¡Gracias!”-dijo Ixia. Las gotas de rocío caían sobre sus petálos y cara.

“De nada, linda. Dime, ¿Ya sabes cómo llevarás los pétalos para el día del baile?” preguntó su vecina.

“No tengo ningún interés en ir a un baile donde sólo hay flores presumidas. No es mi rollo. Prefiero pasar el tiempo pintando nubes de fresa para el cielo del jardín. ¿Qué te parecen? Están genial ¿ehh?” respondió Ixia.

“¿Cómooooo?” gritaron un montón de voces al mismo tiempo. Ixia que estaba distraída con sus nubes, no se había dado cuenta de que todas las flores del jardín se habían acercado hasta su casa y la miraban muy enfadadas”.

“¿Qué pasa?” se atrevió a preguntar Ixia, sorprendida. Todas las flores empezaron a hablar entre ellas pero lo hacían tan bajito, tan bajito que era imposible escuchar nada.

“Holaaaaa , ¿podéis hablar un poco más alto? lo intento pero no hay manera de oíros…”

“¿No irás al baile? Pero, pero…eso nunca ha pasado en el jardín… no puede ser, no puede ser”-contestó una flor rosa de voz chillona.

“Pues creo que seré la primera del jardín. No os enfadéis pero es que son bailes un poco aburridos y además, no me interesa conocer a ninguna regadera. Yo ya tengo una, ¿véis?” dijo Ixia, mientras levantaba una vieja regadera roja, un poco descolorida.

“El estallido de risas no se hizo esperar. Ixia no entendía por qué se reían. A ella su vieja regadera le parecía la más bonita del mundo. Enfadada, cerró la puerta de su casa. Su regadera rompió a llorar”.

Ella, acariciándola suavemente y quiñándole un ojo, le dijo: “No llores, esas flores son unas presumidas pero he tenido una idea”.

Al día siguiente por la noche, Ixia se reunió con todas las regaderas que iban a ir al baile. El jardín estaba completamente en silencio y la única luz que había era la que regalaban las estrellas. Sentados en círculo, un montón de regaderas escuchaban atentamente la idea que Ixia había tenido la noche anterior. Ixia estaba sentada en medio del círculo con su regadera en las manos. Muy bajito para no hacer ruido comenzó a contarles. Todas las regaderas querían ayudar a Ixia. Estaba tan contenta que se durmió con una gran sonrisa en su cara.

Llegó el día del baile. El jardín estaba precioso lleno de girnaldas hechas de pétalos de flores y hojas verdes. Los habitantes más mayores del jardín no recordaban haberlo visto tan bello. Los gorriones empezaron a cantar la canción oficial del baile, acompañados por la banda musical del jardín compuesta por el gusano Gul a la guitarra, el lobo Ku a la batería y la rana Lola al bajo. Estrellas y mariposas se unían esa noche para formar las luces que iluminaban el escenario y la gran pasarela.
– “¿Pasarela? ¿Qué es eso, mami?”preguntó una de las luciérnagas.

“Es un suelo muy largo, muy largo por donde pasaban toooodas las flores del jardín que asistían al baile”, respondió mamá luciérnaga. Una a una, todas ellas pasaban por esa pasarela pero, muy pronto se dieron cuenta de una cosa…
“¿Cuál, cuál?”-preguntaron las pequeñas luciérnagas deseando saber qué era.
Pues que no había ninguna regadera que hubiese asistido al baile. Las flores comenzaron a mirar por todos lados, los músicos dejaron de tocar, los pájaros dejaron de cantar y de repente…¡Zas!; todas las regaderas salieron de su escondite y comenzaron a disparar agua contra las flores. Las regaderas se lo estaban pasando en grande. Las flores no tanto. Sus vestidos estaban completamente empapados de agua  y sus peinados se habían deshecho. Algunas flores comenzaron a llorar  porque se imaginaban su aspecto:
“¡Ayy mi vestido, mi pobre vestido. Debo estar muy fea. Y mi peinado, todo el color se está deshaciendo. ¡Ay!, ¡Ay!, ¡Ay!”-gritaban las flores corriendo de un lado a otro.

Finalmente una de las flores, decidida, comenzó a lanzar su néctar contra las regaderas. Este néctar hizo que los adornos que las regaderas tenían por todo su cuerpo de hojalata, comenzarán a borrarse. Las regaderas al ver esto, aún tiraron más agua a las flores. El sol salió a ver que pasaba, avisado por la luna, quien le dijo que el baile de las flores y regaderas se había convertido en una auténtica batalla. Al haber más luz, flores y regaderas podían ver mejor su aspecto en los charcos que se habían formado en el jardín. Los charcos separaban la fila de las flores de la fila de las regaderas. Al ver su reflejo en el charco de agua comprobaron su aspecto. Al subir la cabeza,  cada flor y cada regadera se miraron fijamente a los ojos. Las risas estallaron.
“Psss! Música, música”-dijo Ixia en ese momento a la banda.
La música comenzó a sonar y los gorriones a cantar con alegría. Al escuchar la música, flores y regaderas comenzaron a bailar juntas. Sonreían, reían y no pararon de bailar durante horas y horas. Ixia y su vieja regadera se unieron rápidamente a la fiesta. A nadie le importaba ya el vestido que llevaba puesto, su peinado o si su hojalata estaba un poco envejecida. Se estaban divirtiendo tanto que todo eso se les olvidó. Y a partir de entonces, todos juntos celebraban la llegada de la primavera con canciones, bailes y risas en el jardín.
Y Colorín, colorado, este cuento se ha acabado

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