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Rototom Sunplash, su primer festival de música

Bea - 27 octubre, 2017
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El juego y los espacios compartidos. Rototom Sunsplash Parte 2

Bea - 27 octubre, 2017
Rototom Sunsplash
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¿Qué importancia tiene el juego libre en la vida de los niños? Yo, como mamá, basándome sólo en el conocimiento que me brinda esa experiencia, diría que mucha, muchísima. Pero si recurro a los propulsores de algo tan básico pero tan necesario para los niños como es el juego libre, puedo ahí ofreceros una visión mucho más rica y fundamentada.

Uno de esos propulsores del juego libre es Francesco Tonucci. Seguro que muchos lo conoceréis pero a los que no, os diré que Tonucci ( o Frato como también lo conocen) es un pensador, dibujante, profesor y psicopedagogo italiano. Ha pasado la mayor parte de su vida investigando sobre la infancia. Me gustan muchas cosas de su pensamiento pero si tengo que quedarme con una, me quedo con su visión de cómo la ciudad debe ser construida pensando en el niño. Esta visión  está ampliamente desarrollada en sus distintos libros, siendo uno de los más conocidos “La Ciudad de los Niños”.

“La Ciudad de los Niños” proclama la necesidad imperiosa de “devolver” los espacios urbanos a los niños. La ciudad, desde la perspectiva de Tonucci, se ha vuelto un territorio hostil para ellos. Y si nos paramos a reflexionar, a mirar nuestras propias ciudades, nuestras calles, plazas, parques etc…; nos daremos cuenta como todo absolutamente todo está construido “dándole la espalda” al niño y a sus necesidades de movimiento y juego libre.

Por supuesto, en el post de hoy no voy a abordar el concepto de juego libre per se (lo abordaré en otros post ya que es un tema que me apasiona y que da para muchos post jejeje). Pero sí os voy a hablar de cómo es posible diseñar espacios teniendo en cuenta ese concepto. Si en el post de la semana pasada (podéis verlo aquí si aún no lo habéis hecho) os comentaba que hay gente que se sorprende cuando llevé a un festival de música a Ainhoa, con el post de hoy espero demostrar por qué es posible que adultos y niños convivan en espacios hasta ahora disociados o etiquetados como “no aptos para niños”.

El Festival Rototom Sunsplash supo reinterpretar la idea de “Ciudad de los niños” de Tonucci, plasmándola en sus espacios “Mágico Mundo” y “Rototom Circus”. Me voy a centrar exclusivamente en “Mágico Mundo” por ser el espacio en el que más tiempo pasamos y sobre todo, en el que más tiempo pude detenerme a observar la interacción de Ainhoa con el mismo.

Rototom Festival

Si os fijáis en la señalética del propio espacio, un niño se sitúa sobre la cabeza de un animal fantástico. Esta posición en la que se coloca al niño es el reflejo de cómo el espacio (y en general, todos los espacios del Festival) ve al niño. Es un niño cuya presencia importa. Es un niño visto como un ser activo (si nos fijamos, el personaje lleva un pincel y está pintando una de las letras del cartel. Y me atrevería a afirmar que es él quien ha creado todo). Es un ser social y cooperativo (no pinta solo. Nuevamente si regresamos al cartel, vemos que esa especie de animal fantástico también está pintando el cartel junto al niño). Además, el propio personaje ha sido dotado de una identidad no estereotipada. No hay azules ni rosas. Podría ser un niño o una niña. En realidad, creo que esta ilustración busca representar a todos los niños y niñas lejos de etiquetas convencionales, mostrarlos desde su imagen de seres creadores, llenos de magia e imaginación. Es decir, valorar a los niños por lo que son en sí mismos, no por lo que son en cuanto a imagen construida socialmente, en el imaginario colectivo.

Rototom Festival

Mágicomundo se distribuía en seis territorios: Agua, Tierra, Mundoalidades, Imaginarium, Sueña y Reconecta. Regresando, nuevamente, a lo que os comentaba al inicio del post, cada una de estas zonas estaba pensada para la experimentación, el juego espontáneo y la reconexión con la naturaleza. Tanto en los materiales como en las actividades que se proponían, se respiraba ese compromiso del festival por brindar un espacio no para niños, sino para jugar a secas.

rototom-festival

Un idílico espacio entre árboles se convirtió en patio de juegos para niños y adultos. En un verdadero oasis donde recuperar el verdadero sentido del juego: el del disfrute. Dejando de lado “Ayyy no corras, que vendrá un coche”; “Ayyy no te subas a ese columpio que te puedes caer”; “Ayyyy no corras tan rápido que te vas a resbalar”. Esas expresiones no tenían cabida en “Mágicomundo”, simplemente porque el espacio parecía haber sido concebido desde la mirada de un niño. Y todos sabemos que los niños miran desde la inteligencia.

Rototom Festival

Como también conté en el post de la semana pasada, Ainhoa se enamoró del enorme arenero. ¿Cómo no hacerlo? Balanzas gigantes, treparis grandes y pequeños, troncos de madera, piñas, neumáticos reciclados, entre otros muchos materiales, conformaban los elementos de juego. No os miento si os digo lo fascinante que fue ver cómo los niños disfrutaban de cada uno de ellos. Al observar a los niños pero sobre todo al observar a Ainhoa interactuar con los materiales y mobiliario, constaté cuán necesario es repensar los parques infantiles de nuestras ciudades. Y es que, tal y como pasa con los juguetes estructurados (el juguete lo hace todo por el niño), en mi humilde opinión, los espacios de juego que hoy por hoy existen en nuestras ciudades también adolecen de excesiva estructuración.

Rototom Festival

Los niños no necesitan sofisticados columpios o la imagen de los personajes de la tele en el parque (sí, he podido conocer algunos ejemplos que dan un poco de miedo, la verdad). Los niños necesitan volver a entrar en contacto con agua, arena, tierra, piedras, hojas. Necesitan volver a trepar árboles, a rodar por la hierba, jugar a la pelota sin miedo a que pase un coche y los golpee. Requieren con urgencia tocar y oler flores, maravillarse con el canto de los pájaros. En definitiva, lo que los niños necesitan es más un espacio seguro que un espacio delimitado al que se llena de “cosas” que el adulto pone ahí para entretener al niño. Porque entretener no es jugar. Es más, al niño no hay que entretenerlo. El niño juega como come, duerme o respira. Para el niño, jugar es una necesidad casi fisiológica. Y ahí está el quid de la cuestión. Al observar y vivir la experiencia de Mágicomundo me acabé de convencer que hay que integrar al niño en los espacios comunes. Que sí se puede. Pero que hay que echarle imaginación o mejor, mirarnos en la imaginación de los niños para darnos cuenta que lo más sencillo (que no simple) siempre es lo que más funciona con ellos. Pero para eso, hay que observarlos y no sólo eso, hay que escucharlos, hay que tenerlos en cuenta. Porque ellos, como nosotros, también son ciudadanos.

Rototom Festival

 

Los niños no necesitan espacios exclusivos para ser niños. Así como los adultos tampoco necesitamos espacios exclusivos para ser adultos. Necesitamos espacios integradores que nos permitan coexistir juntos. Espacios donde todos podamos simplemente SER 

Rototom Festival

Precisamente ese “coexistir para ser” también estuvo presente en “Mágicomundo”. Mientras el espacio abierto al juego libre y al contacto con la naturaleza podía ser disfrutado hasta la noche, en paralelo se podían disfrutar de charlas y talleres gratuitos en los que se reflexionaba sobre educación, crianza y por supuesto, juego.

La imagen de arriba es del taller impartido por Amparo, fundadora de Family Tree Kids, una preciosa tienda online que os invito a visitar. Amparo que además, es mamá y educadora, compartió con todos los asistentes su visión de juego libre y no estructurado. Fue muy enriquecedor escucharla y de hecho, estoy editando la pequeña entrevista que le hicimos. Espero poder compartirla muy pronto en nuestro canal de Youtube. Pero continuando con la charla impartida por Amparo, también quiero resaltar de ella, la ponente que la acompañó. Me vais a perdonar pero no me acuerdo de su nombre ni tampoco lo pude apuntar porque justo Ainhoa me pidió teta. El caso es que me emocionó muchísimo la historia que nos contó. Cómo ella junto a toda su comunidad educativa, formada por profesores y padres, sacaron adelante  una escuela libre en el seno de una escuela pública. Sin duda, todo un ejemplo a seguir, un buen espejo donde muchas ciudades e incluso países deberían mirarse.

 

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Otra de las zonas de Mágicomundo que me gustaría destacar es la de “Sueña”. Esta zona estaba destinada a la literatura, el descanso y la relajación. Nuevamente, el festival apostó por los materiales naturales a la hora de idear el mobiliario sobre el que irían los libros. Como se intuye en la siguiente imagen, se reconvirtieron palets en estanterías, esteras y cojines poblaban el espacio así como se instalaron tiendas con postes de madera y telas para que padres y niños pudieran leer, jugar o dormir si así lo deseaban. En definitiva, un espacio para soñar juntos.

Rototom Festival

No quiero finalizar este post sin mencionar los impresionantes juegos tradicionales en madera que se podían encontrar en Mágicomundo. En ellos, regresamos a las primeras líneas con que inicié este post. Hay que recuperar el juego de la calle, de la plaza… porque no son los niños de hoy los que no saben jugar, sino que somos nosotros, como sociedad, los que no les dejamos jugar.

Observando a los niños y adultos jugar con cada uno de estos juegos tradicionales y por qué no decirlo, maravillosos, me dí cuenta que el juego es un lenguaje, un medio más de expresión. Y estoy convencida que recuperar nuestros juegos, los de toda la vida, es una forma de comunicarnos mejor con nuestros niños, un medio para lograr una sociedad más humana.

Necesitamos espacios como Mágicomundo en cada ciudad del mundo. Necesitamos espacios como Mágicomundo donde nuestros niños puedan ser niños. Porque si les negamos el juego libre, en cierto modo, les negamos la infancia.

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Rototom Festival

 

“Los pequeños no quieren estar recluidos en su habitación para jugar, ni
en ludotecas, ni en todos esos espacios que construimos para que estén
controlados. Lo que hace un niño controlado por un adulto es distinto
de lo que hace solo. Los niños necesitan espacios donde, dentro de
un clima de control social, ellos puedan hacen lo que quieran:
pisar el césped, subirse a los árboles y jugar con las lagartijas”
Francesco Tonucci

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