Publicación Anterior

” La Casa del Sendero del Agua” o como descubrir a los niños la naturaleza Cántabra.

Bea - 7 octubre, 2013
Siguiente Publicación

Formigues Festival, donde los niños son los “Rockstar” (Parte 1)

Bea - 7 octubre, 2013

Biberón, ¿dónde te has metido?

Bea - 7 octubre, 2013
formigues-portada-1
ilustración_cuento:biberón

Hoy  volvemos a la carga con un nuevo cuento. Lo queremos dedicar, especialmente, a los más chiquitines de la casa que aún no saben leer pero a los que seguro que les encantan las historias. Aunque, bueno, los más mayores también pueden leerlo, claro que sí. ¡Qué lo disfrutéis!

BIBERÓN, ¿DÓNDE TE HAS METIDO?

Paolo es un bebé rechonchete, con mofletes coloraos que hace kilómetros y kilómetros con sus cortas piernecitas.

“¡Ayyy qué gatito más lindo!”-le dice su mamá, cogiéndole en brazos.

Paolo llora. No quiere brazos. Él lo único que quiere es gatear y gatear por el largoooo pasillo de casa. Su mamá quiere darle el biberón pero como Paolo no quiere estar en brazos, de nuevo lo deja en el suelo. En medio de sus cortas piernecitas le deja el biberón. Y Paolo, muy contento, con sus dos manos regordetas lo coge.  Juguetea con él, lo vuelca y divertido, lo hace rodar por todo el pasillo. De repente, ocurre algo que no os váis a creer. ¡Fum! ¡El biberón de Paolo ya no está! ¡Desapareció por debajo de la puerta como por arte de magia!.

Paolo mira con sus ojos grandotes hacia la puerta y rápido gatea hacia ella. La puerta está entreabierta y Paolo se queda mirando fijamente debajo de su cuna. Sentado y sin moverse de donde está, observa cómo un acontecimiento extraordinario ocurre. Algo sale rodando de debajo de su cuna y va a parar justo hasta su piececito desnudo. ¡Pum!; Paolo abre aún más sus ojos grandotes, casi tanto como cuando las ventanas están abiertas de par en par. Se trata de un biberón pero no, no es el biberón de Paolo, sino otro bastante extraño.

“Oh, Oh…”-repite sin cesar, mientras lo mira y toquetea con sus manos regordetas. Le gusta su tacto, pues, está rodeado de pelo suave, suave como uno de sus peluches. Y además tiene algo más extraño aún. Unos pequeños cuernecitos a cada lado que sobresalen y que sirven para cogerlo.

“Ji, ji…”-ríe Paolo. Y es que el pelo de este bibe tan extraño le hace cosquillas cuando lo acerca a sus sonrosados mofletones.

“Glup, glup”-bebe Paolo.

“Puaj”-escupe, a continuación. No le gusta nada lo que contiene el biberón. Es un líquido verde claro que sabe un poco amargo.

“¡Puaj”– se escucha de nuevo. No, no es Paolo esta vez. ¿De dónde creéis que puede venir la voz? ¿Del armario? No, no; ¿De detrás de la puerta? Frío, frío…

¡Fum!; Un segundo biberón sale de debajo de la cuna de Paolo y choca con el biberón extraño que Paolo acaba de tirar al suelo. ¡Espera! ¡Un momento!; ¡Alaaaa! ¡Si es el bibe de Paolo!;Paolo vuelve a tener su biberón pero, ¿Cómo ha podido salir solo de debajo de su cuna?

Paolo vuelve a ver algo que le deja con la boca abierta como un buzón grandote. Una mano pequeña como la suya pero más peluda asoma de debajo de su cuna. Parece que busca algo, pues la mano se mueve de un lado a otro sin parar. Paolo sigue el movimiento de esta extraña mano con sus ojos grandotes. Y como cree que es un juego, Paolo también mueve las suyas, intentando atraparla. ¡Pam, pam, Pum!; ¡Grrrr!. Un rugido muy agudo se escucha, cuando Paolo consigue atrapar a esta extraña mano peluda. Paolo grita de alegría y la estira con fuerza. ¡Qué sorpresa!; ¿Sabéis lo que apareció de repente? Pues, un pequeño monstruito peludo, de color rojo. ¡Ahh! ¡Ahhh!-gritaron los dos al mismo tiempo. Paolo se escondió debajo de su gran montaña de peluches y el pequeño monstruo peludo volvió a esconderse debajo de la cuna de Paolo. Así, Paolo sólo podía ver los grandes ojos del pequeño monstruo peludo, que brillaban en la oscuridad de su escondite. Y el pequeño monstruo peludo sólo podía ver los ojos de Paolo que también brillaban mucho. El biberón de cada uno estaba justo en medio de la habitación. Los dos podían ver el suyo perfectamente pero tenían mucho miedo el uno del otro y por eso, ninguno de los dos se atrevía a salir fuera.

Y pensando, pensando los dos en su escondite, resulta que se les ocurrió una brillante idea a cada uno. Paolo pensó que si cerraba los ojos no vería al pequeño monstruo peludo que tanto miedo le daba. Y al pequeño monstruo peludo se le ocurrió que si caminaba de espaldas, podría coger su biberón sin tener que ver la cara rosada de áquel bebé tan terrorífico. Poco a poco, Paolo con los ojos cerrados y el pequeño monstruo peludo caminando de espaldas, comenzaron a recorrer la pequeña distancia que los separaba de sus biberones. Pero claro como ninguno de los dos veía al otro llegar, resulta que no midieron muy bien la distancia y entonces… ¡Catapum!; Los dos se chocaron tan fuerte que la verdad es que acabaron un poco mareados. Al levantarse, los dos miraron al suelo y vieron que volvían a tener el biberón del otro. Paolo el del pequeño monstruo peludo. Y el pequeño monstruo peludo el de Paolo. El pequeño monstruo peludo hizo rodar el biberón de Paolo. Y Paolo hizo lo mismo con el del pequeño monstruo peludo. ¿Y sabéis qué? Que el miedo se les pasó de repente. Y jamás volvieron a asustarse el uno del otro.

FIN

ilustración_cuento_biberón

Ilustrado por Mónica Dieguez

¿Os ha gustado? Esperamos que sí. A nosotros nos ha encantado escribirlo e ilustrarlo. Queremos agradecer especialmente a nuestra colaboradora Mónica Dieguez por la bonita y divertida ilustración que ha realizado.

¡Hasta el próximo cuento, amigos!

Dejar un comentario

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies